jueves, 18 de agosto de 2011

LA VENGANZA DEL PUNTO G

CUENTO PREMIADO NÚMERO DOS PARA SILVIA PAVÍA

Orgullo y alegría para todo el taller...

"Concurso Internacional de Relatos eróticos
" (Latin Heritage Foundation)

¡¡¡Felicitaciones!!!!


la ilustración pertenece a Eleonora Arroyo

LA VENGANZA DEL PUNTO G

Por Silvia Ana Pavía

Cuando Saúl dejó a Laura no imaginó que era el comienzo de esta historia. Laura estaba enamoradísima, ilusionada con el casamiento (porque no era de esas que prefieren juntarse para probar) y el golpe que recibió al oír de la boca de su amado que estaba enamorado de otra, sólo es comparable a un cachetazo, de esos fuertes, que dejan medio inconsciente hasta que aparece el dolor. Laura no pudo decir nada en ese momento. Impotencia, humillación, despecho, todo mezclado con la sensación de haber sido estafada, burlada, hasta lo más íntimo.
-Qué te pasa? –preguntó la madre.
-Nada, rendí mal -dijo. Y en realidad era como haber rendido mal la principal materia de su vida. Se encerró en su dormitorio pensando en ponerse a llorar hasta morir. Pero algo se rebeló en ella: en medio de aquel terremoto que removía el piso bajo sus pies, decidió vengarse. Pero vengarse de TODOS los hombres, tenían razón sus amigas, todos eran iguales de egoístas y mal llevados.
Ella había sido tímida con respecto al sexo pero había tratado de complacerlo, de que fuera feliz, olvidándose de sí misma y así le había pagado, el mal nacido. Cuando recordaba todo lo que había hecho por él ya no sentía ganas de llorar. Sentía ganas de asesinar a todos los hombres. Pero haría algo mejor: les pagaría con la misma moneda.


Empezó a mirar a su alrededor con un detenimiento que nunca antes había tenido. Por ejemplo, no se había dado cuenta de que Mario, el hijo del panadero, la miraba de un modo especial, inconfundible, cada vez que ella iba a comprar pan o facturas para su madre. Siempre la atendía él, a pesar de que la empleada estaba muchas veces sin hacer nada. Era más bien gordito y de un aspecto inofensivo, que no la atraía para nada, pero por eso mismo decidió ejercer sobre él su juego de seducción.
-Hola, Mario -dijo con una lánguida sonrisa.
-Laura -dijo él paladeando el nombre. La atendió solícito, como tantas otras veces, y su mano se demoró más de un segundo de lo normal, al darle el vuelto.
Ella multiplicó las señales en las siguientes veces, le daba conversación sobre el tiempo, sus estudios, sus lecturas (Mario era un ávido lector), hasta que él se animó a invitarla.
Salieron a tomar un café una noche, varias noches, mientras ella practicaba caricias furtivas, se vestía cada vez más atrevida y dejaba crecer su pelo hasta más de la mitad de la espalda.
Por fin, terminaron una noche en un motel. Laura se divirtió buscando el mítico punto G masculino, algo que había leído en la red, en sus investigaciones acerca del sexo. No podía saber si lo había encontrado, pero la cara de él y sus gemidos desesperados valieron la pena de ver.


En plan de convertirse en mujer irresistible, decidió tornear las piernas con algún deporte que le resultara divertido. Tenis, por ejemplo, al que había dejado de jugar cuando empezó la facultad… y se había enamorado de Saúl, su compañero de banco.
El profesor que le tocó en suerte tenía unos veinticinco años, dos más que ella, y era delgado, moreno y musculoso. Se llamaba Carlos y tenía una facilidad de trato pasmosa, nacida de larga experiencia con las alumnas. Estaba comprometido, pero aquello no importaba en lo más mínimo. Laura admiró sus muslos y glúteos, pensando cómo sería él en la cama. No tuvo que esforzarse casi nada para terminar juntos en el motel.
Se encontró con que él tenía experiencia en eso de encontrar el punto G femenino y sabía manipular la cosa para hacerle perder el control. Pero ella también lo apabulló con sus recién adquiridos conocimientos acerca de la anatomía, reacciones y gustos masculinos. Después de aquella noche memorable, Carlos la invitó a salir regularmente.


Tenía que buscarse un trabajo porque la madre se había jubilado debido a su epilepsia (aunque hacía años que no tenía un ataque), el padre perdía tiempo y dinero con mujeres (se habían separado tres veces, la última, definitiva, hacía tres años) y debía pensar en su futuro. Había terminado de cursar en la facultad y le quedaban solo cinco materias, de modo que bien podía trabajar.
Consiguió trabajo como auxiliar contable. El jefe, un hombre de treinta años, contador, casado, con un hijo pequeño y extremadamente formal y autoritario, cayó también bajo las redes de Laura, a su pesar, sintiéndose culpable, pero sin poder dejar de encontrarse con ella en el motel.


Laura salía martes y sábados con Mario; lunes y jueves con Carlos y miércoles y algunos viernes con Eduardo, su jefe. Solo tenía el domingo para descansar y salir con amigas.
-Laura, si lo que estás haciendo es lo que creo, es un juego repugnante y peligroso. Espero que no hayas sacado el gen de tu padre, ¡por Dios!
-¿Cómo se te ocurre? ¿Acaso me ves la cara?
La madre no contestó. Había tomado pastillas para dormir y últimamente sentía más que nunca la edad y su incapacidad para lidiar con Laura, que siempre había hecho lo que le daba la gana.


Era raro que Mario la hubiera citado en un café. Generalmente, la pasaba a buscar por su casa. Se levantó cuando la vio, y le dio un beso, mirándola de una forma muy rara.
-Hola, Mario.
Se habían sentado cuando apareció Carlos.
-Hola, Laura –dijo con su sonrisa descarada –Qué casualidad, encontrarnos aquí! ¿Me presentás a tu amigo?
Laura no tuvo tiempo de decir nada. Apareció Eduardo.
-Hola, Laura! –saludó, con un rictus de disgusto.
Laura se vio enfrentada a “sus tres hombres” como los llamaba en su interior.
-¿Por qué lo hiciste, Laura? –preguntó Mario. -Y no me preguntes cómo me enteré de todo.
-¿Hice qué? –preguntó ella, desafiante. Había decidido atacar, para no ser atacada.
-Te acostabas con los tres al mismo tiempo. Y nunca te creí una cualquiera.
-¿Y eso? Que yo sepa, no prometí fidelidad a ninguno.
Signos de impotencia, incredulidad, resignación, escándalo.
-Pensar que jugaba con la idea de dejar a mi mujer -dijo Eduardo.
-Yo… empezaba a plantearme mi compromiso -dijo Carlos.
-Yo… me enamoré de vos, Laura –dijo Mario, con un hilo de voz.
-Bueno, debo decir que me curé de mi ex-novio. Pensándolo bien, el sexo con él era más bien aburrido.
Ante aquella declaración apareció una sonrisa cómplice en los rostros masculinos.
-¿Quién de nosotros estuvo mejor? -preguntó Carlos.
-No podría decirlo -respondió Laura, dubitativa – Todos estuvieron bien, cada uno a su manera.
-Bueno -dijo él, levantándose – No sé por qué, no puedo enojarme aunque te hayas burlado de nosotros. Sos una hija de puta, una zorra…
-Yo también me voy. Te espero en el trabajo. Pero nunca más motel.-dijo Eduardo, molesto.
Solo quedó Mario frente a ella.
-¿Me creerías si te digo que lo lamento, Mario? Con los otros no me equivoqué, son huesos duros. Pero no debería haberte incluido en mi venganza.
-Es así -dijo Mario, suspirando. –Pagan los justos por los pecadores. ¿Todavía lo querés a tu ex?
Laura se sentía extrañamente liberada. Ya no tendría que actuar ante nadie.
-¡No, por Dios! Me resultaría un pesado. Y además no sabía un pepino del punto G.
-Tampoco yo. Pero eso no importa, ¿verdad? La felicidad no es eso.
-No -dijo Laura pensativa –Creí ser feliz y ahora me doy cuenta de que no lo era.
La delicadeza de Mario no le permitía hacer una pregunta más directa.
-Feliz… No sé qué es la felicidad. ¿Es el instante que precede al orgasmo cuando se vislumbra la implosión de placer y te sentís capaz de volar al espacio, de flotar sobre las aguas? ¿Es sentirse bien tomando café con alguien mirándose a los ojos, sabiendo los secretos más íntimos?
Mario miraba un punto en medio de la frente de Laura.
-Para mí es poder estar con quien quiero estar.
-Yo no sé qué es lo que quiero.
Hubiera deseado no decirlo. Se había acostumbrado a herir y humillar. Mientras pensaba su próxima frase, se vio de pronto sola. Mario se había ido.
Miró por la ventana, pero las gotas de lluvia que empezaban a caer, gordas y pesadas, no dejaban ver nada.

Concurso Internacional de Relatos Eróticos.

Los ganadores del Concurso Internacional de Relatos Eróticos-en orden alfabético-son los siguientes:

DULZOR DE MIEL/WILLIAM TORCÁTIZ/REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

EL DEDO/NELSON GONZÁLEZ CASARAVILLA/MÉXICO

EL JUEGO/MICHELLE SOUYET LOPEZ/CHILE

INCCUBUS/MARLEYS PATRICIA MELENDEZ MORE.COLOMBIA

LA PRIMERA CITA/HELMUT JERÍ PABÓN/PERÚ

RETAZOS DE PIEL, ELLA/MICAELINA CAMPOS ASENJO/CHILE

SECRETOS DE TACÓN/MARION GONZÁLEZ MARTÍNEZ/ESPAÑA

SILVIA ANA PAVÍA/ARGENTINA/LA VENGANZA DEL PUNTO G

http://www.latinhf.com/

1 comentario:

Amankay Appezzato Scropanich dijo...

Excelente relato Silvia, felicitaciones!!!!!. Saludos
Amankay